Vivimos en una época extraordinaria. Nunca la medicina tuvo tantos avances tecnológicos, tantos estudios científicos, tantos recursos diagnósticos. Y sin embargo, nunca hubo tanta ansiedad, tanto estrés y tantas enfermedades crónicas prevenibles.
Algo no estamos comprendiendo del todo.
Durante años de ejercicio profesional he visto una realidad que se repite: muchas personas depositan su salud exclusivamente en factores externos. En un medicamento. En un estudio. En una consulta. En la tecnología.
La salud no es solamente la ausencia de enfermedad. Es equilibrio. Es adaptación. Es coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.La enfermedad, en la mayoría de los casos, no aparece de la nada. Es el resultado de múltiples factores que interactúan: hábitos, emociones, estrés sostenido, pensamientos recurrentes, vínculos, entorno, genética y epigenética. Somos seres integrales: físicos, psíquicos, sociales y, para muchos, también espirituales.
A lo largo de mi vida profesional comprendí que explicar conceptos médicos complejos en lenguaje simple es una forma de devolverle a las personas el poder sobre su propia salud. Cuando entendemos lo que nos pasa, dejamos de ser espectadores y nos convertimos en protagonistas.